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La era de los esteroides y el Salón de la Fama

25 noviembre 2016 77 lecturas Sin Comentarios

ivan-rodriguez-rangers¿Cuál será el destino de Iván Rodríguez en la venidera votación del Salón de la Fama? Este jueves comentábamos que la balanza se inclinará hacia Jeff Bagwell, Vladimir Guerrero, Trevor Hoffman y Tim Raines, como parte de la clase que el año que viene será entronizada en los pasillos del ente que se ubica en Cooperstown, Nueva York.

¿Cómo se comportará la prensa con aquellos involucrados en la era de los esteroides?, fue la pregunta que dejamos al aire en la última columna, para concluir con ese tema hoy y de allí tiene relación la interrogante con la que iniciamos estas líneas.

El boricua es de los mejores receptores de la historia de las grandes ligas, cosa que no tiene discusión.

Es el catcher que ha pasado por las mayores con más hits, anotadas y dobles y es séptimo en cuadrangulares. Concluyó su carrera con una producción ofensiva de .296/.334/.464, un OPS de .798, disparó 311 vuelacercas, 572 dobles, pisó el plato en 1354 ocasiones, produjo 1332 rayitas, robó 127 bases, incluyendo 25 en 1999 y tuvo un éxito de 46% entre los rivales que le intentaron robar una base.

Para un careta son números más que extraordinarios. Al buscar a sus colegas con al menos 5000 apariciones al plato, aparece en el séptimo lugar en average y noveno en slugging.

Y para ampliar su historial ganó trece guantes de oro, la cual es la segunda cifra más alta solo detrás de Jim Kaat y Brooks Robinson. Además, obtuvo cinco bates de plata, asistió a catorce Juegos de Estrellas y guarda un anillo de Serie Mundial.

Un pelotero así tiene un sitial seguro en el Salón de la Fama como deberían tenerlo Barry Bonds y Roger Clemens, quienes nos traen hasta acá.

José Canseco, uno de los célebres personajes que han pasado por las grandes ligas, pero a su vez uno de los más tristes por su vinculación con los esteroides, se ha encargado de sacar a la luz pública los nombres de aquellos que estuvieron involucrados en esos escándalos de finales de los noventa y principios de la década pasada.

Uno de los nombres que reveló el cubano en su libro “Juiced” fue el de su homólogo de Puerto Rico. No han entrado, hasta ahora, a Cooperstown ninguno de los notables aporreadores ni pitchers que se beneficiaron de sustancias prohibidas para robustecer sus números. Mark McGwire, Sammy Sosa, Rafael Palmeiro, Bonds, Clemens y compañía han quedado al margen de la inmortalidad por los errores que han cometido, aunque todos han tenido pergaminos para gozar de la inmortalidad.

Debe mantenerse así por el bien de la competencia e incluso de los propios atletas. No se puede premiar a quien hizo trampa para sacar ventaja de quien compite de forma transparente. Hay que insistir en el daño que ocasionan estas drogas a quienes la consumen, aunque el sistema mismo pueda siempre tener desventajas con respecto a quienes recurran al camino equivocado y siempre hallen la forma de salirse con la suya.

Sin embargo, el año pasado hubo un cambio en la mentalidad del votante. Pese a que en Grandes Ligas y en el deporte en general la lucha contra el dopaje aumenta, paradójicamente, Bonds y Clemens sacaron más votos que nunca antes en el proceso que antecedió al que inició esta semana.

Periodistas de la talla de Ken Rosenthal, Jon Heyman y Jerry Crasnick cambiaron de opinión y votaron a favor de Bonds, escribieron columnas argumentando su decisión y evidentemente hubo un cambio de posición en, al menos, un 10% del electorado, ocasionando que el líder jonronero de toda la historia y el ex lanzador de los Yankees tuvieran una porcentaje favorable cercano al 50%.

Aún les falta camino por recorrer para llegar a la inmortalidad pero será interesante este año ver si aquella variación de quienes votan tiene incidencia sobre, al menos, un 30% de los periodistas que aún no se animan a dar su brazo a torcer con respecto a quienes formaron parte de la era de los esteroides.

Y aunque no existen evidencias fuertes sobre el “Pudge”, el señalamiento de Canseco en su libro, es muy probable, lo deje al margen, por ahora, del templo neoyorquino.

Queda ver si quienes formaron parte de la esta triste era siguen sumando adeptos y eso, más adelante, beneficie a Rodríguez.

Por: Marcos Grunfeld

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