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Richard Páez: “Ni el Gobierno nacional ni la FVF han hecho un proyecto serio”

26 febrero 2010 390 lecturas Sin Comentarios
Richard Páez descarta dirigir a clubes venezolanos, por ahora.

Richard Páez descarta dirigir en el país, por ahora.

El padre de la vinotinto sigue velando, a lo lejos, por el crecimiento de la criatura. Richard Páez Monzón continúa pendiente de su selección, del fútbol en el país y del deporte que tanto ama. El ex timonel nacional, el hombre que hizo el piso para la explosión que devino en dos clasificaciones mundialistas juveniles, conversó con Panorama. Es un Páez orgulloso de los logros nacionales, dejando claro que su reto es conducir, de nuevo, en el exterior, como lo hizo en el Alianza peruano: los clubes venezolanos tendrán que esperar.

—Luego de la experiencia en Alianza Lima, ¿cuál es el próximo paso de Richard Páez?

—Hubo contactos directos con equipos en Colombia, pero no hubo un acuerdo integral que uno desea en ese tipo de convenios laborales, y también contactos con intermediarios que están haciendo los adelantos en México y España, pero todavía no se ha podido concretar algo sólido. Es lo que estamos esperando, conseguir una oportunidad en el extranjero.

—¿Qué hace en la actualidad?

—Desarrollar nuestro plan de trabajo con los menores en la Academia Emeritense, además de ejercer la traumatología.

—¿Volvería a entrenar a algún equipo en Venezuela?

—Todavía no me planteo entrenar en Venezuela. Creo que hemos dado el máximo de nuestro potencial, desde juveniles hasta profesionales, pasando por las selecciones, hemos llevado a equipos importantes en planos superiores de la Copa Libertadores, hemos llevado a la vinotinto al nivel que hoy tenemos, y considero que en este momento no está planteado tener esa opción de trabajar en algún equipo en Venezuela.

—¿Cómo ve el presente del balompié venezolano de selecciones, con dos clasificaciones consecutivas a mundiales?

—Es una consecuencia directa de lo que se ganó a partir de 2001. El futbolista venezolano alcanzó su maestría en la convicción como jugador. Hoy, más que nunca, los venezolanos están convencidos de que pueden ganar y sacar buenos resultados en cualquier geografía del universo futbolístico.

El hecho de que en menos de dos, tres años haber salido nosotros de la selección y haber dejado una marca que ha quedado indeleble en el corazón y la forma de ser del jugador venezolano, que haya habido dos clasificaciones mundialistas juveniles, primero la sub 20 y después la sub 17 femenina, es algo que significa que hubo un cambio en la convicción, en la mentalidad. Eso nos llena de satisfacción y orgullo, ver que el jugador venezolano sigue avanzando, creyendo en sus condiciones.

Me queda felicitar a cada uno de los involucrados, para que sigan estimulando a desarrollar a nuestros jugadores al máximo. Venezuela ya conoce el sendero, el camino que tiene que transitar.

—¿Cuál es el reto del fútbol criollo?

—Desarrollar un proyecto organizado en las bases. Allí es donde está la deuda del fútbol. Ni el Gobierno nacional ni la Federación Venezolana de Fútbol han logrado ensamblar un proyecto serio, coherente y permanente a nivel de la formación de nuestros jugadores. Allí está el handicap que nos lleva el resto de los países al futbolista venezolano.

—¿Qué le reconoce a la Federación Venezolana de Fútbol?

—Haber incorporado como obligatorio al juvenil en las canchas profesionales. Eso ha generado un salto inmenso en el desarrollo de la capacidad integral que requiere el jugador venezolano a esa edad. Pero tenemos todavía deficiencias en la formación de los menores de 12 años. Por ahí está la deuda, en la raíz. Ése es el gran trabajo que espera el fútbol venezolano para dar el salto no sólo a logros momentáneos, sino a un trabajo y un proyecto coherente.

—¿Siente nostalgia por la selección venezolana, luego de su renuncia?

—Nostalgia no, es orgullo. Me parece que nostalgia hubiese sido si quedaba mal con el fútbol venezolano. Yo quedé muy bien con el fútbol venezolano, con la selección de Venezuela. Qué orgullo siento cuando todos los que nos van a enfrentar ven que el fútbol venezolano ahora sí ha avanzado. Cuando uno deja una marca indeleble, que todavía está vigente, ya no es nostalgia, lo que uno siente es una satisfacción interior que le da paz y felicidad.

—¿Por qué existe crisis en los equipos profesionales criollos?

—Hay que estudiar es por qué razón el fútbol profesional venezolano no logra llevar gente a sus estadios. Por qué sólo se espera a que el Táchira, cuando está bien, porque cuando está mal sufre las consecuencias en las tribunas. Los de la capital no llenan estadios ni siendo campeones. Sólo se llenan los partidos del Caracas FC… y todavía. Es el único que tiene una cercanía a ser un club profesional en Venezuela. Eso lo tiene que hacer el Táchira, a pesar de que ha dado inmensos saltos en la organización, pero uno espera que tenga una sede social más sólida, contar con gente que forme parte de eso. Éso es lo que le falta al fútbol venezolano: organizarse de equipos a clubes.

—¿Cómo lograrlo?

—Con sedes sociales, categorías menores con un trabajo coherente y constante con jugadores que hayan trabajado en el fútbol. Es injusto que nuestros jugadores salgan de su profesión, transitando 16-20 años algunos, y salgan al retiro, a hacer una labor en otras actividades. Deberían estar trabajando en categorías menores del fútbol venezolano para no perder la experiencia acumulada durante tanto tiempo.

También es necesario que los clubes no dependan de una persona o dos, pero sí de una asociación, para que no pasen las penurias que hoy pasan equipos venezolanos, que terminan un campeonato con deudas importantes.

—Y un ejemplo de ello es el Unión Atlético Maracaibo. A la distancia, ¿cuál es su lectura del estado del fútbol zuliano?

—Es verdaderamente lamentable que estando en una región que se caracteriza por ese amor al gentilicio, y que los equipos no hayan logrado arraigarse. Es lamentable lo que le sucedió al Unión y es una de las consecuencias: al depender de un solo ente no hay arraigo, no hay independencia. El equipo paga las consecuencias cuando el hombre que mantiene la institución finaliza la actividad económica. Tienen que aprender de ese error para establecer equipos con arraigo popular, con empresas que crean en un proyecto serio. Seguramente no les ocurrirá eso de nuevo.

Por: Humberto Perozo/Panorama

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