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Aquí está la clave del éxito ofensivo de CarGo

12 agosto 2010 355 lecturas Sin Comentarios
Carlos González está en una gran temporada con los Rockies.

Carlos González está en una gran temporada con los Rockies.

Para entender el secreto del líder bate de la Liga Nacional hay que remontarse a los entrenamientos primaverales del 2009. Fue entonces cuando la joven estrella de los Rockies de Colorado se cruzó por primera vez con Don Baylor. El mismo hombre que ayudó a transformar el swing y la carrera de Andrés Galarraga en 1992, durante la única temporada del Gato en San Luis, se dio cuenta en pocos días de que algo no estaba bien con Carlos González.

“Vi a un muchacho joven que en muy poco tiempo había sido cambiado dos veces”, recuerda el coach de bateo de los Rockies, sentado sobre una caja de bates en el clubhouse de Citi Field, lo que pensó la primera vez que vio al jugador de 24 años. “Me preguntaba, ‘¿Por qué alguien iba a rendirse con un pelotero con todo ese talento? ¿Qué está mal?’”

“Lo observé unos cuatro o cinco días. Y me dije a mi mismo, ‘así no puede batear’. Agarraba el bate con la palma de las manos, era muy rígido”, explica el afamado técnico. “Sabía que no iba funcionar, no en este nivel. Puede que funcionase en las menores, donde los pitchers lanzan a 85 millas por hora”.

Mientras ‘dibuja’ con sus manos lo que hacía González, Baylor explica que lo que buscaba era “darle la mejor oportunidad de conectar la pelota. Antes, le costaba llegarle a algunos pitcheos”.

Como Galarraga hace casi dos décadas, Carlos decidió confiar en él. “Fue receptivo desde el primer momento. No discutió nada”, rememora el coach.

“Yo antes tenía mucho a jalar la pelota, por la manera como agarraba el bate”, dice el zurdo. “Ahora lo estoy agarrando más con los dedos, y así puedo usar más las muñecas y dominar más el swing para usar todo el terreno”.

La tendencia de jalar la pelota hacia su banda no ha desaparecido. Pero hay muestras de cambio. Tiene 10 jonrones hacia la derecha, 13 por el centro y dos hacia la izquierda. El martes mandó dos misiles hacia la pared por el left en Citi Field, batazos que en la mayoría de los estadios hubiesen sido cuadrangular.

“Siempre te dice algo es para tu beneficio. Por alguna razón, siempre es bueno”, cuenta el alumno sobre el maestro. “Me ayudó muchísimo”.

Los frutos comenzaron a verse desde la segunda mitad del año pasado, cuando el prospecto volvió de las ligas menores y no paró de batear hasta que terminó la postemporada.

“Fue cuestión de semanas. Como era una cosa nueva, no tenía esa confianza al momento de batear”, dice González sobre el proceso de adaptación. “Poco a poco las cosas empezaron a darse mejor y me comencé a dar cuenta que estaba teniendo un cambio bueno y pues seguí”.

Además de comandar a la Liga Nacional con .327 de average antes del juego de anoche, era quinto en jonrones con 25, segundo en slugging (.578), segundo en hits (136) y estaba empatado en el tercer puesto tanto en empujadas (77) como en OPS (.932).

Otra diferencia entre el nuevo y el “viejo” CarGo es el pequeño movimiento que hace con la pierna derecha. Cuando el lanzador empieza está a punto de soltar la pelota, la levanta ligeramente.

“Es como prender una moto”, indica Baylor. Lo que se busca en ese caso es mejorar el “timing” del toletero.

“Fue él quien empezó a ver videos de otros peloteros parecidos a mí”, dice el venezolano. ¿El mejor modelo que encontraron? Adrián González, el excelso toletero zurdo de los Padres de San Diego.

Baylor prefiere no quedarse con el crédito en este caso. “Es algo que él fue descubriendo”, contrapone. “Le gusta y se siente cómodo. Pero no es algo que yo le enseñé. No propongo eso. Pero lo ayuda en el ‘timing’”.

El momento adecuado

Al margen de los cambios mecánicos, González señala otra razón para entender lo que ha sucedido este último año: contar con la confianza de sus jefes.

“Eso es lo que más ayuda a un pelotero, que te den esa oportunidad y que uno sepa aprovecharla, claro”, acota. “Después de lo del año pasado, ya sabía que me había ganado la confianza y me había ganado el puesto. Eso fue lo que creó que yo viniese con una mentalidad diferente”.

Salir de los Cascabeles, y luego de Oakland, no fue nada fácil. Hoy está seguro de que eso retrasó un poco su desarrollo.

“Siempre estuve con Arizona desde que salí de mi casa a los 16 años. Y que me cambiasen de esa manera, yo no sabía nada. Ahora es que entiendo, porque sé que esto es un negocio”, detalla. “Pero en ese momento, no me lo esperaba. Eso me afectó, llegar a Oakland y ver nuevas caras, traté de hacer más de la cuenta. Eso es lo que te mete en problemas”.

“Sabía que en algún momento, en mi carrera de Grandes Ligas, me iba a sentir bien, como me sentía cuando estaba en ligas menores”, recuerda Carlos. “Yo siempre dominaba las ligas donde jugaba. Sabía que esto es un proceso de adaptación. Ya me siento adaptado”.

“Muchas veces”, apunta Baylor, “el bateo es la última cosa que consigue un pelotero. Sabía que él iba a lograrlo. Y ahora ha despegado”.

Más boletos, menos ponches

Hay dos puntos bajos en la temporada de Carlos González. Uno, la diferencia entre sus números en Colorado y en la carretera, no preocupa a Don Baylor.

“Son todos nuestros bateadores. No se sienten tan cómodos como en casa. Estamos tratando de reparar eso”, dice el coach. “Carlos va a batear en todas partes, eso no me preocupa”.

Lo que sí quieren sus jefes es que reduzca la diferencia entre sus boletos (19 hasta ayer) y sus ponches (100).

“Le lanzan muchos pitcheos en el piso. Si los deja pasar, agarrará sus boletos”, precisa Baylor. “Y si hace eso, va a batear .340 o .350”.

“Le gusta hacer swing y eso está bien. No queremos quitarle su agresividad”, advierte el técnico. “Pero le tira a muchas bolas. Cuando empiece a entender lo que los pitchers están tratando de hacer con él, va a tomar sus boletos”.

“No hemos visto lo mejor de Carlos. Lo digo porque hay áreas en las que vamos a ver mejoras”, dice el manager Jim Tracy. “Si esos 100 ponches se convierten en 75 o 65, y esos 19 boletos se convierten en 45 o 50, veremos un bateador de .350, pues va a poner más bolas en juego y, a la vez, va a ser más selectivo”.

Por: Efraín Ruiz/Líder

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